Editorial Carreteras Nº 212 • Año 2017

PGE2017. Trampas al solitario

PGE2017. Cheating solitaire

La presentación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado es un acontecimiento muy esperado por el sector de las infraestructuras y, en particular, por el de la Carretera; pero no por esperado acaba siendo menos desilusionante.

Un año más, en efecto, nos invade la decepción. Comienza a ser ya una tradición ver disminuidas las partidas que se dedican a la construcción y conservación de nuestras carreteras, a la seguridad vial y a otros aspectos de la red principal.

Si bien se mantiene el 23% de inversión dedicado a infraestructuras viarias sobre el total del presupuesto del Ministerio de Fomento, este porcentaje se traduce en 2.154 millones de euros frente a los 2.383 millones que se proyectaban en 2016, o lo que es lo mismo, el 10% menos de recursos para nuestras carreteras. La construcción de nuevas vías sufre un descenso del 19%, mientras que la conservación disminuye un 9% respecto a lo que se presupuestó el año anterior.

Llama la atención el baile de cifras y cambios de criterio que, sistemáticamente, se producen cada ejercicio en la información oficial presupuestaria, sobre todo en el capítulo de comparaciones con el año precedente. Pudiera parecer que lo realmente importante es ofrecer una perspectiva positiva de los datos, aún a costa de establecer correlaciones más que discutibles, y, en todo caso, contrarias a cualquier principio de transparencia. ¿Por qué no se compara el presupuesto global de 2017 con el de 2016? Si así fuera, se observaría una disminución del 11%; por el contrario, comparando el presupuesto de 2017 con lo ejecutado en 2016, obtenemos un aumento del 24,2%, cifra con la que los Servicios de Prensa del Ministerio anunciaban la línea inversora del ejercicio en curso. Las comparaciones, si no son homogéneas, conducen a una visión distorsionada de la realidad.

Hay, sin embargo, algún aspecto positivo en los Presupuestos, como el aumento de subvenciones para potenciar el uso de las autopistas de peaje por parte de los vehículos pesados. Políticas que reducirán la congestión y mejorarán la seguridad de la circulación.

Pese a todo, lo cierto, lo decepcionante, es que nuestras carreteras contarán en 2017 con un 10% menos de inversión. Otro diez por ciento que sumar a la desilusión y falta de perspectivas de un sector, el viario, denostado por políticas incapaces de entender el papel que las carreteras juegan en el bienestar de ciudadanos, empresas y servicios, públicos y privados, de toda índole. ¿Llegará algún día en el que las demandas de la industria viaria, especialmente en relación al aumento de recursos para su conservación, sean escuchadas, y se produzca ese necesario cambio de tendencia en la atención a las necesidades de las carreteras? Los últimos datos disponibles sobre la inversión real en reposición de carreteras del Ministerio de Fomento, correspondientes al año 2015, arrojan los valores más bajos de los 10 últimos años (841 millones de euros).

De momento, toca esperar a 2018, aunque nos preguntamos hasta cuándo empresas, organizaciones y usuarios podremos esperar sin menoscabo de la eficiencia, seguridad y sostenibilidad de nuestros desplazamientos. Lo que parece claro es que, en estas circunstancias, el sector queda inexorablemente abocado a profundizar en su reestructuración.

No más trampas al solitario, por favor. Reclamamos presupuestos y datos de ejecución presupuestaria transparentes y comparables ejercicio con ejercicio. Si este esquema de inversión viaria ha llegado para quedarse, afróntese con franqueza y permítase al sector plantear alternativas viables para atraer recursos que oxigenen una red con síntomas más que evidentes de agotamiento.

The presentation of the General Budgets of the nation is a highly anticipated event for the infrastructure sector and, in particular, for roads; but not for expected ends up being less disappointing.

One more year, indeed, we are overcome with disappointment. It is starting to be a tradition to see diminished the budget lines that are dedicated to the construction and maintenance of our roads, to the road safety and other aspects of the main network.

Although 23% of investment dedicated to road infrastructure is maintained over the total budget of the Ministry of Development, this percentage translates into 2,154 million euros compared to the 2,383 million that were projected in 2016, or what is the same, 10% less resources for our roads. The construction of new roads suffers a decrease of 19%, while maintenance decreases 9% compared to what was assumed the previous year.

It is striking the dance of figures and changes in criteria that each exercise occurs in the official budgetary information, especially in the chapter of comparisons with the previous year. It might seem that the important thing is to offer a positive perspective on the data, even at the cost of establishing more than debatable correlations, and, in any case, contrary to any principle of transparency. Why the global budget for 2017 is not compared to the 2016 figure? If so, an 11% decrease would be observed; on the contrary, comparing the 2017 budget with what executed in 2016, we obtain an increase of 24.2%, a figure with which the Ministry's Press Services announced the investment line of the current financial year. Comparisons, if they are not homogeneous, lead to a distorted view of reality.

There is, however, some positive aspect in the Budgets, such as increasing subsidies to promote the use of toll roads by heavy vehicles, policies that will reduce congestion and improve safety.

Despite everything, the truth, the disappointment, is that our roads will have 10% less investment in 2017. Other ten percent to add to the disappointment and lack of prospects of a sector, the road, reviled by policies incapable to understand the role that roads play in the well-being of citizens, companies and public and private services of all nature. Will there ever be a day when the demands of the road industry, especially in relation to the increased resources for their maintenance, be listened, and that necessary change of tendency takes place responding to the road’s needs? Latest available data on actual investment in replacement of roads of the Ministry of Development, corresponding to the year 2015, show the lowest values of the last 10 years (841 million euros).

For now, we have to wait until 2018, although we wonder until when companies, organizations and users can be waiting without compromising the efficiency, safety and sustainability of our journeys. What seems clear is that, under these circumstances, the sector remains inexorably doomed to deepen its restructuring.

No more cheating on the solitaire, please. We demand budgets and budget execution data that is transparent and comparable exercise with exercise. If this road investment scheme is here to stay, face it frankly and allow the sector to propose viable alternatives to attract resources that oxygenate a network with more than obvious symptoms of exhaustion.

 


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