Carretera, incertidumbre y precios
Roads, uncertainty and prices
La carretera nunca es ajena a las crisis energéticas. Cuando se tensionan los mercados internacionales de petróleo, gas y transporte, sus efectos no tardan en llegar a toda la cadena de valor que permite construir, conservar y explotar una red viaria moderna.
La actual incertidumbre geopolítica nos recuerda con fuerza esta certeza. La energía no es únicamente un componente más del coste de una obra: es una condición básica para la movilidad, la logística, la actividad industrial y la estabilidad económica. Por eso, cualquier alteración prolongada en el suministro o en el precio de los combustibles se traslada con rapidez a los contratos, a la planificación de inversiones y a la capacidad efectiva de construir y mantener las infraestructuras en las condiciones que los ciudadanos necesitan y demandan.
No se trata de anticipar escenarios alarmistas ni de convertir cada oscilación del mercado en una crisis. Pero sí de reconocer una realidad: el sector viario trabaja con materiales y procesos especialmente sensibles a la evolución de la energía. Cuando esos costes aumentan de forma súbita, la tensión no afecta solo a las empresas, afecta también al ritmo de ejecución de las actuaciones, a la concurrencia en las licitaciones y, en último término, al estado de la propia infraestructura.
En ese contexto, la contratación pública debe ser parte de la respuesta. España dispone de mecanismos de revisión de precios y de fórmulas específicas para distintas actuaciones viarias. Sin embargo, la experiencia demuestra que, ante episodios de volatilidad intensa, los procedimientos pueden resultar demasiado lentos para reflejar la realidad económica con la que se ejecutan los contratos, incluidos los contratos de servicios. Una carretera que precisa de decisiones técnicas ágiles no puede depender de referencias que llegan cuando el impacto ya se ha producido.
La revisión de precios es un instrumento previsto por la legislación de contratación pública para preservar el equilibrio económico de contratos expuestos a costes básicos relevantes. Bien aplicada, no encarece artificialmente la obra; reduce incertidumbre, mejora la concurrencia, evita ofertas defensivas, protege la ejecución y contribuye a una contratación pública más realista.
La clave está en distinguir entre la evolución ordinaria de los costes, inherente a toda actividad, y las alteraciones extraordinarias que desbordan las previsiones razonables de un contrato. Cuando ese equilibrio se rompe, se debilita la capacidad de ejecutar nuevas obras y actuaciones de conservación con normalidad.
El principal desafío a que nos enfrentamos actualmente es la conservación viaria y, sobre todo, la rehabilitación y el refuerzo de los firmes. No se trata de una actividad secundaria ni de un gasto que pueda aplazarse sin consecuencias. Mantener firmes, estructuras, señalización y equipamiento en condiciones adecuadas mejora la seguridad vial, reduce consumos, evita deterioros mayores y protege una inversión pública acumulada durante décadas. Pero, para hacerlo de forma eficaz, hace falta una contratación que combine rigor, previsibilidad y capacidad de adaptación.
La cuestión de fondo reside en si resulta razonable que contratos públicos de obras o conservación, adjudicados bajo unas hipótesis económicas determinadas, queden expuestos a variaciones extraordinarias de costes sin mecanismos suficientemente ágiles, homogéneos y seguros para administraciones y empresas.
Además, la comparación con el resto de Europa pone de manifiesto que otros países han buscado fórmulas más dinámicas para abordar incrementos intensos de costes, y, aunque no se trata de copiar mecánicamente modelos ajenos, conviene reconocer que la rigidez no es una virtud cuando el mercado se mueve a velocidad de tormenta.
La carretera seguirá siendo una infraestructura esencial en cualquier escenario. Precisamente por eso debemos proteger no solo su estado físico, sino también las condiciones que hacen posible conservarla, modernizarla y mantenerla al servicio de todos. Porque una red viaria resiliente no es solo la que resiste el paso del tiempo: es la que puede seguir funcionando cuando el contexto económico deja de ser previsible.
Road infrastructure is never immune to energy crises. When international oil, gas and transport markets come under pressure, the effects quickly spread throughout the entire value chain that makes it possible to build, maintain and operate a modern road network.
The current geopolitical uncertainty is a powerful reminder of this reality. Energy is not merely another component in the cost of a project: it is a fundamental condition for mobility, logistics, industrial activity and economic stability. That is why any prolonged disruption to fuel supply or prices is rapidly reflected in contracts, investment planning and the actual capacity to build and maintain infrastructure under the conditions citizens need and expect.
This is not about anticipating alarmist scenarios or turning every market fluctuation into a crisis. It is, however, about recognising a reality: the road sector relies on materials and processes that are particularly sensitive to changes in energy costs. When those costs rise suddenly, the pressure does not affect companies alone; it also affects the pace at which projects are delivered, competition in public tenders and, ultimately, the condition of the infrastructure itself.
In this context, public procurement must form part of the response. Spain has price revision mechanisms and specific formulas for different types of road projects. Experience shows, however, that during periods of intense volatility, procedures can prove too slow to reflect the economic reality under which contracts are being delivered, including service contracts. A road network that requires swift technical decisions cannot depend on reference indicators that arrive only after the impact has already been felt.
Price revision is an instrument provided for under public procurement legislation to preserve the economic balance of contracts exposed to significant underlying costs. When applied properly, it does not artificially increase the cost of works; rather, it reduces uncertainty, improves competition, avoids defensive bidding, safeguards project delivery and contributes to more realistic public procurement.
The key lies in distinguishing between ordinary cost developments, which are inherent in any activity, and extraordinary changes that exceed the reasonable assumptions built into a contract. When that balance is broken, the ability to deliver new projects and carry out maintenance works under normal conditions is weakened.
The main challenge we currently face is road maintenance and, above all, pavement rehabilitation and strengthening. This is neither a secondary activity nor an expense that can be postponed without consequences. Keeping pavements, structures, road signs and equipment in proper condition improves road safety, reduces consumption, prevents more serious deterioration and protects decades of accumulated public investment. But doing so effectively requires a procurement system that combines rigour, predictability and the ability to adapt.
The underlying question is whether it is reasonable for public works or maintenance contracts, awarded on the basis of specific economic assumptions, to remain exposed to extraordinary cost variations without sufficiently agile, consistent and reliable mechanisms for both public administrations and companies.
Moreover, comparison with the rest of Europe shows that other countries have sought more dynamic approaches to dealing with sharp increases in costs. While this does not mean mechanically copying models from elsewhere, it is worth recognising that rigidity is no virtue when markets are moving at storm speed.
Roads will remain essential infrastructure under any scenario. Precisely for that reason, we must protect not only their physical condition, but also the conditions that make it possible to maintain, modernise and keep them serving society as a whole. Because a resilient road network is not simply one that withstands the passage of time: it is one that can continue to function when the economic environment becomes unpredictable.



